Descripción de la imagen de Dios Padre:

Dios Padre desea que se le represente tal y como es:
Como un padre amoroso que espera a Sus hijos con añoranza para poder volver a estrecharlos entre sus brazos.
Hasta ahora, el enemigo ha conseguido encargar a lo largo de los siglos una representación de Dios Padre que le da un aspecto mayor, distanciado, amenazante o poderoso.

Este no es Dios Padre:
Aquí pueden ver a un Dios Padre al que nada le importa más que el regreso de Sus hijos.
Aquí pueden ver a Dios padre con no más que entre 50 y 60 años.
Aquí pueden ver a un Dios Padre cuyos ojos reflejan amor y nostalgia.
Aquí pueden ver a un Dios Padre que está preparado para la más importante celebración de todos los tiempos:
La segunda venida de Su Hijo unigénito Jesucristo, que llegará como un juez para orientar a todos los hijos de Dios según el camino que cada cual haya escogido.

Sobre Dios Padre:
Dios Padre lleva una corona real que representa con sus puntas las 12 tribus de Israel que reinarán en la nueva Jerusalén lideradas por los 12 apóstoles.
Lleva sus mejores vestiduras para la gran celebración, las cuales son de oro, joyas, piedras preciosas y perlas, decoradas con brocados yornamentos.

Las piedras preciosas de las Sagradas Escrituras:
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De su corazón emana un arco iris. El arco iris representa la conexión entre el Padre y Sus hijos. Del mismo modo, este arco iris procede del corazón porque los hijos fueron generados por el Padre con todo Su amor. El arco iris lleva a la Cruz (cabecera de la Cruz), pues es en ella que los hijos de Dios, a la muerte en la Cruz del Hijo, volvieron a tener acceso al Padre. La Cruz es muerte, pero al mismo tiempo también es salvación y resurrección.
Dios Padre tiene apoyado en Su muslo derecho a Su Hijo sufriendo en la Cruz.
Tanto la mirada del Padre como la del Hijo están dirigidas a la joven, que representa a todos los hijos de Dios.
La mirada del Padre está llena de añoranza, amor y compasión, pero también de tristeza.
De añoranza, porque hace mucho tiempo que espera a Sus hijos, porque ha tenido mucha paciencia y siempre ha pensado en ellos con dolor, con la esperanza de que todos ellos vuelvan a Él.
De amor, porque siente un amor infinito por Sus hijos, un amor que jamás podremos medir ni imaginarnos.
De compasión, puesto que con Su muerte envió al mundo la compasión, para que todas las personas pudieran aceptar esta compasión, es decir, a Su Hijo.
De tristeza, porque sabe que no todos los hijos le dirán que sí y regresarán a Él.
El Padre tiene los brazos bien abiertos para poder recibir a Sus hijos, a los que espera.
Pero para llegar al Padre, los hijos deberán primero cargar con la cruz de la vida y del sufrimiento. También deberán purificarse y salvarse a través de la Cruz para llegar al Padre.
Tan solo se llega al Padre a través del Hijo. El Hijo actúa como elemento de unión entre la joven y el Padre. La Cruz también es el elemento de unión, pues mediante la Cruz se salva a los hijos, que vuelven a tener acceso al Padre.
Además, sin la Cruz no hay vida ni resurrección.
El Hijo Jesucristo se halla entre el Padre y la joven, pues Él es el camino y la verdad, y solo a través de Él llegamos al Padre.
De este modo mira también el Hijo a la joven, puesto que el Hijo del Padre siente el mismo amor por los hijos de Dios y pone también todas Sus esperanzas en que todos ellos lleguen al Padre a través de Él.
No obstante, a la segunda venida ya no será lo más importante el sufrimiento, sino la alegría. Él ya no vendrá como salvador, sino como juez.
Todo esto se demuestra también por el hecho de que el arco iris, que surge como sello de la unión y la amistad entre Dios y las personas desde el corazón del Padre, donde se creó al ser humano (en el amor), fluye hacia la Cruz, concretamente hacia la cabecera de la Cruz.
Tan solo aparece una mitad del arco iris, puesto que tan solo regresará una parte de los hijos.
El arco iris fluye hacia la Cruz porque nuestra vida no solo es un camino de alegría, sino también un calvario («El que cargue con su cruz y me siga, alcanzará la vida eterna»). Al final, esperamos que esté la alegría. Pero tan solo podrá alcanzarse la gloria plena en el Padre a través del sufrimiento y el via crucis.
Asimismo, salen del arco iris unos ligeros rayos que fluyen de la Cruz hacia la joven.
La herida en el corazón de Jesús conforma el punto central de la imagen. Pues a través de la valiosa sangre de la herida en Su corazón, llegó la salvación y el regreso al Padre.
A través de esta herida en el corazón sale el travesaño de la Cruz, que representa la unión entre la joven y el corazón del Padre, que es donde fue creada.
Del mismo modo, el palo largo de la cruz discurre a través de la herida.
Después, vemos a la joven. La visionaria aparece en el lugar que corresponde a todos los hijos de este mundo. La joven lleva un vestido blanco lavado en la sangre del Cordero.
También lleva una mantilla, que representa el orden y la tradición, la reverencia y el honor a Dios.
La joven mantiene la distancia con el Padre, puesto que se encuentra en el camino hacia el Padre, pero aún tiene que pasar por la Cruz. A través de la verdad y el camino (Jesucristo) se llega finalmente al Padre, una vez arrepentidos sinceramente de todos nuestros pecados, presentándonos a Jesucristo y expiando nuestros pecados. De igual modo, se ha lavado en la sangre del Cordero, que es Jesucristo.
La joven está de rodillas porque expresa la reverencia y la honra a la Trinidad (todas las rodillas deben flexionarse y todas las bocas deben reconocer que Jesús es nuestro Señor).
La mirada de añoranza de la joven va hacia el Señor, y del Señor, al Padre. Forma una línea recta, pues este es el único camino posible hacia el Padre.
Por encima de Dios Padre aparece el Espíritu Santo representado como una paloma. Los tres conforman la Trinidad (Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo). Estos emiten un brillo único, que será visible para todos en lasegunda venida.
El oro del manto del Padre representa la justicia divina, que muestra al Señor Jesucristo como juez en su segunda venida.
El cielo entero se ha engalanado y preparado para la celebración de la segunda venida de Cristo. Una celebración que lo supera todo. Ni en el cielo ni en la tierra hubo antes una celebración tan hermosa y fastuosa.
Detrás del trono del Padre pueden verse todos los coros de ángeles en hileras, que abren y acompañan la celebración con su música.

Las promesas que el Padre hizo a la visionaria:
Quienes tengan la imagen en su casa y la honren y amen no perderán, sino que serán protegidos. El mismo Padre se encargará de estas almas.





21/10/2016

La VISIÓN de DIOS PADRE
(un regalo en mi penitencia y mi enfermedad recibido el viernes 21/10/2016 sobre las 23:45 h)


En una visión, se me presentó una maravillosa imagen de Dios Padre sentado en el trono. No vi el trono, puesto que este se hallaba cubierto por las reales vestiduras del Padre. Presentaba un manto y vestiduras maravillosos y enormes. Era Su vestimenta para el fin de los días, formada por muchos colores regios, sobre todo oro, brocados y diferentes telas nobles, decorado con piedras preciosas y mucho más. Nunca antes ojo alguno había visto unas vestimentas tan hermosas y reales, pues se trata de la celebración de la segunda venida de Su Hijo y del regreso a casa y el reencuentro con Sus hijos. También llevaba Su corona de la victoria y del fin de los días. Vi Su silueta, pero no Su rostro; Su forma y Su estatura, pero no Su rostro, sentí Su elevación, Su poder y Su presencia, y también el amor y el afecto de un padre en Su rostro, el cual no pude ver.
En Su rodilla derecha, a la altura de la parte interior de la rodilla, había apoyado un crucifijo con Su Hijo crucificado vivo. El Señor se movía en Su dolor. Pude arrodillarme en los escalones ante Dios Padre, y la Cruz del Señor estaba dos escalones por delante de mí, más o menos a la altura de mi hombro. Así, pude ver claramente cómo el Señor se movía en la Cruz y sufría en Sus dolores.
Entre Dios Padre y la Cruz, es decir, justo desde el corazón del Padre, empezaba un arco iris, y la mitad del arco iris terminaba o pasaba por arriba de la Cruz, más o menos donde se coloca la inscripción.

Nota: ÉL me enseñó en espíritu el rostro de Dios Padre una semana después, en la iglesia, después de haberme preguntado una y otra vez cómo podía encargar la imagen si no había visto el rostro del Padre. Además, ÉL me dijo:
«Toma la imagen que tienes en casa en el alféizar de la ventana y haz que me pinten así, pero más mayor». También me proporcionó una descripción en espíritu, y yo pude sentir además su edad aproximada.
Dicha imagen del alféizar es del Jesús Misericordioso de la hermana Santa Faustina, en la que los ojos del Señor emanan puro amor, añoranza y misericordia.
Dios Padre me dijo también por qué ÉL quería justo esta imagen, y era porque el fin de los días conforma también el acto de compasión definitivo.

Otras explicaciones sobre la imagen:
Del regazo del Padre surge el Hijo y Dios Hijo, Jesucristo, que se manifiesta a través del Espíritu y concebido por María. Del corazón del Padre, el ser humano, la humanidad. El ser humano creado a imagen y semejanza del Padre por este, es decir, el Hijo, que es la Palabra y que dijo: « …el que me ve a mí, ve al Padre…» (Juan, 14:9)

El ser humano regresa al corazón y al regazo del Padre, redimido y unido de nuevo a través de la muerte en la Cruz y la salvación de Su Hijo y a través de Su valiosa sangre.

El ser humano también regresa al regazo diciendo «sí» a Jesucristo, arrepintiéndose con sinceridad, purificándose después y a través de Su Hijo, si Jesús nos lleva a Su Padre y el nuestro.

Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí» (Juan, 14:6)

El Padre me mostró la visión en Su poder y Su gloria, preparado para recibir con Sus vestimentas a Sus hijos, los vivos y los muertos, en la segunda venida de Jesucristo, y para celebrar un gran festejo con nosotros.

Dios Padre también demostró Su amor y unión con las personas, es decir, Su gran amor y Su espera y añoranza por Sus hijos amados.

Demostró además la unión existente entre la Trinidad y el ser humano, simbolizada desde el fin del Diluvio de Noé con un arco iris que representa la unión entre Dios y el ser humano.

Y Dios habló a Noé:
«Este es el símbolo de la unión que he establecido entre Mí y todos los seres de carne de la tierra» (1, Moisés 9).

Estos Sus hijos están en Su regazo, protegidos entre el Padre y el Hijo (representado por la Cruz). El arco iris se encontraba justo en el centro, salía del corazón del Padre y llevaba a la Cruz del Hijo.

También mostró que tan solo estaba la mitad del arco iris que llevaba a la Cruz, pero no vi la otra mitad. Faltaba la otra mitad del arco iris porque estas personas no dijeron «Sí» al Señor, por lo que no quisieron ser salvadas a pesar de que el Señor sufrió por ellos y derramó Su sangre en el madero de la Cruz. Es la libre voluntad del ser humano, que en ese caso se envía a sí mismo a la condenación.

Dios Padre también demostró que, para llegar a Él, la parte de la humanidad que ha dicho «Sí» a Su Hijo deberá pasar por el via crucis y estar dispuesta a soportar una parte de la Cruz. Sin la Cruz no podemos llegar al Padre, ni sin la Cruz del Señor ni

- sin Su sufrimiento
- sin Su salvación para la humanidad o
- incluso sin sufrimiento y salvación para los hombres

Dios Padre está y estará SIEMPRE con nosotros. Él nos acompaña y nos protege; nos bendice y nos acoge en Su seno; sufre y espera estar con nosotros.

Está
ESPERÁNDONOS con gran AÑORANZA.

Él es el
PRINCIPIO, el corazón del que surge el arco iris (la humanidad, Sus hijos), y Él es el FINAL, el corazón al que debe volver el arco iris (nosotros, Sus hijos).

ÉL ES el ALFA y OMEGA
¡ÉL ESTÁ AQUÍ!
¡ÉL ESTÁ!


Esta visión, explicada en imágenes y en palabras, es un regalo para el Ejército Restante. Una ilusión por el reencuentro con el Padre en la compañía y la compasión del Hijo y nuestro hermano Jesucristo. Todo esto sucederá ahora en el fin de los días, según la revelación de San Juan y en la fase del Espíritu Santo; también en la unión con Santa María llena de Gracia, la Virgen Inmaculada, elegida de entre todo el pueblo, de entre toda la humanidad.

¿No es maravilloso? ¿No nos da fuerzas?

Os doy la bienvenida con todo mi amor y agradecimiento y os deseo el amor pleno, y que sintáis la Trinidad, cómo está a vuestro lado y cómo se alegra de que permanezcáis fiel a ella y sigáis recorriendo con persistencia el camino.